Lilith, y Lilith en Cáncer


Lilith como el punto de la órbita lunar más lejano a la tierra y como la Luna Negra, es decir, opuesta a la Luna que ubicamos como la madre, la que nutre emocionalmente, nos da cariño y hogar.

Mientras la Luna se desenvuelve a sus anchas en el signo que rige -Cáncer-, Lilith expresa su independencia, liderazgo, poder y capacidad de crear sus propias normas en el signo más alejado a Cáncer: Capricornio.


Cáncer y la Luna marca las raíces de las que surgimos, la acumulación de hábitos, acontecimientos, relaciones privadas, y demás piezas que nos hicieron lo que somos ahora. Es el recordatorio de que provenimos de un sitio, un grupo o una cultura, que guardan nuestras espaldas y a donde podremos volver cuando necesitemos protección y re-equilibrio emocional: volver a la madre.

En cambio Lilith, representada como la figura que fue exiliada del paraíso por rebelarse a sus normas, pierde toda la seguridad y opción -por voluntad propia-, de volver a la representación de Cáncer.

Tiene el carácter de quien sabe que su decisión transgredirá lo que por naturaleza se nos dio -raíces, pertenencia-, y no tiene ni un ápice de miedo, culpa o sensación de derrota cuando la lleva a las últimas consecuencias.

Con la fuerza de desenvolverse en un mundo crudo y real, ajeno a cualquier tipo de sentimentalismo o salvación de dios -o del sistema-.

Que encuentra un poder interno desbordado y sobrenatural; libre y fuera de las limitaciones que un sistema condiciona para seguir beneficiándose de él.

Alguien cuya reputación es marcada desde su decisión de salir al exterior, implicando ser blanco de cualquier tipo de difamación y calumnias; desprestigiándola, denigrándola y desacreditándola.

Lilith, más allá del mito, representa un aspecto oculto de nosotros, generalmente en exilio y en sombras, que reclama justa y valorada visibilidad y presencia, y que por su indomable y rebelde naturaleza se le considera peligroso.

Photo by Ryanniel Masucol on Pexels.com

Mirar a Lilith a solas, poniéndonos en su lugar y asimilando su malestar y su naturaleza, es posible -y hasta fácil- de comprender y sobrellevar.

El detalle está en que incluirla en la interpretación de una carta astral significa incluir también la naturaleza de los otros aspectos y planetas que conectan con ella. Y mientras todos responden al orden de un sistema, Lilith sigue siendo el espacio vacío, frío, lejano al hogar, opuesto al calor y la seguridad que nos da la Luna.

Me refiero a que Lilith no es cada quien, o cada uno de nosotros, sino un rasgo entre muchos más; interesante y poderoso a su modo, pero complejo al integrar, porque instintivamente buscamos el refugio de la Luna y no su ausencia.

Es decir, respondemos a la actividad de la Luna como las hojas de una planta que giran hacia la luz solar. No podemos escapar de ella e incluso la necesitamos para sentir que todo lleva su curso, que la vida sigue y nosotros estamos a salvo.

Lilith en Cáncer, signo que rige la Luna, podría sentirse como la pesadilla de quien necesita sentirse todo el tiempo cobijado por su familia, por sus vínculos que le nutren y le dan consuelo:

Es buscar la Luna y no encontrarla porque le separa un vacío, un intenso descontento o un rebelde rechazo a como se le está brindando el alimento emocional.

Y por supuesto es sentirse en exilio aun estando en casa.


Lilith en Cáncer es como la Lilith consolidada del exilio, que vuelve al paraíso y todos pretenden que sigue siendo el mismo sitio: es ahora un espacio en el que se huele el desacato y la esencia de Lilith.

Y no sólo eso, todos se contagian de ella y descubren satisfacción al reconocerse poderosos por sí mismos, ya sin necesidad de cumplir con las reglas establecidas dentro de casa para así poder acceder a una limitada cantidad de poder.

Hay ahora una oportunidad misteriosa en casa, una que había permanecido a oscuras, a lo lejos y restringida para evitar problemas, y sin embargo, no podíamos, ni podemos, negar su existencia y su influencia en nosotros.

Tomar esta energía, alimentarnos de ella y dar a luz con su presencia podría significar también:

Buscar cariño y protección, y por más que lo hacemos, no sentirnos saciados.

Emociones que necesitamos expresar pero no sentimos alivio por más que ponemos empeño en ello, llevando a una posible exageración.

Que, a pesar de que nuestras creaciones, aquello que dimos a luz, tiene un encanto único, no lo sentimos totalmente como nuestro vástago.

Que alimentamos y nutrimos aquello que depende de nosotros para subsistir, pero no nace de un sentimiento maternal puro e inocente, sino que hay una necesidad de hacerlo distinto, fuera de las normas; o quizá rechacemos que la maternidad (real o simbólica) nos deba condicionar o mantener a su merced.

Nota: Lilith en Cáncer tiene una gran capacidad para intuir cuestiones de mucha carga emocional, quizá sobre el pasado, la infancia, sobre desprotección durante la niñez, o durante un momento de mucha vulnerabilidad. Como Lilith, estos temas tienden a mantenerse ocultos o negados, o cuando se expresan se muestran con un sabor a exigencia o desafío.


En resumen, existe un mundo lejos de lo conocido que también es parte de nosotros. Beneficiarnos de él se paga con el exilio, pero obtendríamos el reconocimiento de un poder que permanecía oculto, negado y limitado. Y también, nos aliviaríamos, porque estaríamos en un camino de congruencia con nosotros mismos.

Publicado por Arte

Mujer multifacética que escribe sobre astrología en astralarte.com Informa sobre el clima astral, e interpreta y analiza cartas astrales.

9 comentarios sobre “Lilith, y Lilith en Cáncer

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